¿Debemos separar al arte de su creador?

Hombres, autores de grandes obras artísticas han sido acusados de misoginia, racismo, violaciones y acoso. Grandes nombres como Polanski, Weinstein, Allen, Jackson y Tarantino están en esta lista que diariamente se vuelve más grande debido a la oleada de denuncias presentadas por trabajadores del medio artístico influenciados por el movimiento de #MeToo. ¿Es lo correcto separar el arte de las acciones de su creador? O, ¿lo correcto es dejar de consumir sus expresiones artísticas debido a los delitos cometidos en su vida personal? Y, ¿es posible amar el arte pero odiar a su creador? Esa es la cuestión. Esa es la encrucijada.

Para comenzar, el acoso y la violencia sexual es un tema global. El año pasado la cadena CNN brindó una nota acerca de este tema estructurando información recibida por mujeres en cada uno de los continentes tomando en cuenta el punto de que la información brindada por expertos se ve limitada. América Latina como Asia, que se encuentra del otro lado del globo presentan los mismos desafíos: calles inseguras, espacios controlados por hombres y un alto porcentaje de mujeres manoseadas en público. Un dato alarmante para México, es que el 96% de mujeres encuestadas por Instituto Nacional de Estadística y Geografía en la Ciudad de México había experimentado violencia sexual.

Como esta en todos los continentes, también está presente en todos los ámbitos laborales. Directores, actores, actrices, guionistas y productores viviendo de y para su arte. El trabajar en el entretenimiento ha sido considerado como un sinónimo de belleza, fama, riquezas y oportunidades. Hasta que se hizo retumbar el nombre del movimiento #MeToo, que aunque ustedes no lo crean, tuvo su fundación desde hace una década. Esas mujeres «perfectas» que vimos en nuestras pantallas de cine y televisión deciden confesar lo que habían sufrido a manos de personas que decían ayudarles a cumplir sus sueños, derrumbando todas esas ideas que tenemos como consumidores de sus trabajos.

Este movimiento ha sido enorme en Estados Unidos, ha sido una razón para que las productoras busquen generar contenido aliado a pensamientos de lucha femenina y al despido de decenas de acusados; hasta fueron nombradas como la «persona del año 2017» de la revista Time (que en tiempos Trump, habla mucho). Sus historias han llegado a todo el mundo, y han logrado que esto se vuelva un tema de conversación.

Se presenta una situación alarmante y de confusión para el consumidor: Si el creador de mi película, serie o canción favorita ha sido acusado de acoso o violencia sexual, ¿Debo dejar de consumir su material? y ¿Debo de verlo como la «persona» o el «artista»?

bowie

Yo era fanática de David Bowie. Reconocido como un gran músico «camaleónico», compositor y un ícono para la comunidad LGBTTTIQ y todo aquel que se llegó a sentirse que no encajaba. Sus canciones «Heroes» y «Moonage Daydream» eran mis himnos. Un Halloween, me disfracé de su personaje Ziggy Stardust. Lo denominé frente a todos mis conocidos como una «leyenda» y una de mis inspiraciones.

Me senté a leer la lista «negra» en donde mencionan a todos los acusados de delitos sexuales y a su nombre estaba escrito. Negar que no me sentí decepcionada, triste, hipócrita, avergonzada y que salieron algunas lágrimas por mi rostro, sería mentirles. Este hombre como muchos otros pertenecientes al medio, había abusado de su fama para mantener relaciones sexuales con menores de edad y no fueron escuchadas. Bowie por su parte, nunca dio declaraciones sobre esto. Ahí estaba yo, tratando de olvidar todas esas veces que oprimí el botón Replay a toda su discografía. El ámbito musical ha sido acusado en varias ocasiones de comportamiento inadecuado pero se deja de difundir la información; en varias páginas de internet se menciona que a los músicos la sociedad les ha «perdonado» todo acto debido a que son «ídolos».

A mi consideración, cualquier persona que se encuentre activa y sigue el pensamiento de que la violencia no debe de normalizarse ni minimizarse, no debe de apoyar a un artista que ha utilizado su «poder» para cometer estas acciones y debe exigir consecuencias legales para quienes las cometen. Es cierto, si un artista pierde unos cuantos seguidores, es posible que no afecte a su chequera. Pero si hacemos de esto un tema a debatir más recurrente sería un gran paso. A las discográficas y productoras de cine, no les importan estos hechos y siguen contratando a hombres acusados de delitos sexuales permitiéndoles producir y dar a conocer su arte, que llega a ti, a tus amigos y familia. La violencia está en todas partes. Y que esté presente en un medio conocido por sus lujos y oportunidades, sólo reafirma la urgencia de brindar consecuencias para el acusado y la solución para las víctimas.

¿Es posible separar a la obra de su creador?
Es un tema que abrirá muchas mentes y bocas. El arte siempre es objeto de subjetividad. El arte es considerado como cualquier creación realizada por el ser humano que representa su entorno y que es lo que produce en él; va dejando de lado lo ético, nada es «malo» ni nada es «bueno» y expresa tanto el amor como el odio. La violencia de todo tipo se ha mostrado gráficamente en piezas cinematográficas y ¿Por qué? Por qué existe; está a nuestro alrededor. Pero una cosa es mostrarla, y otra cosa es que en su proceso de producción se cometan actos nocivos para mujeres del set, amenazandolas de perder su trabajo si no realizan un acto sexual y dejarlas sin alternativa.

La decisión de dejar o no de consumir este material va a un ámbito moral y ético, es decisión de cada uno de nosotros decidir a quién y que seguimos y admiramos pero sin olvidar que es lo que necesita nuestra sociedad. Yo y otros millones de mujeres consideramos necesario que la violencia deje de ser normalizada y se comience a ser acción para erradicarla. Muchas desaparecen, muchas mueren, muchas ya contaron su historia. La violencia hacia la mujer no tiene frontera; somos de distintas etnias, nacionalidades, cuerpo, credo y nivel socioeconómico. Estaría bien que fueras nuestro aliado, pero si este no es el caso; la lucha continúa, siendo el movimiento #MeToo parte de esta. 

 

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